Foto: Greenpeace

Durante el mes de agosto de este año Greenpeace ha “clausurado” (de una manera simbólica) tres playas en Tenerife al entender que soportan una fuerte contaminación por la presión humana que sufren continuamente. Han cercado la playa con balizas y los carteles con mensajes del tipo: “Playa contaminada por urbanismo salvaje”. Pedían, de esta original forma, que las administraciones tomen cartas en el asunto realizando una correcta depuración de las aguas residuales que se vierten al mar y de esta forma poner fin a la contaminación de playas y ecosistemas marinos.

Este modo de protesta no se ha escogido a la ligera, porque las administraciones ya cierran playas de forma recurrente desde hace años por los altos niveles de contaminación, ya sea esta contaminación debida a la presencia de microorganismos potencialmente tóxicos como E. coli o cianobacterias, o por vertidos de combustibles.

El aumento desproporcionado de construcciones (viviendas, hoteles, polígonos industriales e infraestructuras), hace insuficientes los sistemas de saneamiento necesarios para depurar la ingente cantidad de agua que se consume debido al inmenso aumento de la población, sobre todo, en el periodo vacacional. Hay que tener en cuenta que estas construcciones requieren ser abastecidas con combustibles fósiles, que llegan al archipiélago mediante tuberías instaladas, la mayor parte de las veces, en frágiles entornos naturales representado un importante riesgo de vertidos.

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