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La Antártida ha estado aislada durante miles de años pero su aislamiento no la ha salvado de los peligros del cambio climático, de la lacra de las especies invasoras o de las enfermedades. Y los pingüinos, los animales más representativos de este entorno, son los principales encargados de dar la voz de alarma cuando surge alguno de estos graves problemas en el ecosistema antártico.

Los pingüinos, al igual que otras aves marinas, utilizan el mar como despensa y esto hace que detecten los cambios de su entorno de una forma rápida y efectiva porque cualquier cambio en el océano se refleja en sus hábitos de vida.

Pero los pingüinos son realmente  únicos y excepcionales para estudiar los cambios, de todo tipo, que se producen en la Antártida porque, además de alimentarse en el océano, utilizan durante varios meses al año las zonas de costa para sacar adelante sus crías y, por este motivo, también se ven afectados por los cambios producidos en los ecosistemas terrestres.

Así que ya veis, el pingüino es mucho más que ese animal simpático que vemos en los documentales sobre la Antártida: es un auténtico vigía y una de las voces de alarma a tener muy en cuanta a la hora de valorar el cambio climático o la contaminación de un espacio tan valioso como el continente antártico.