Foto: Revoloteo.es

Algunos animales saben ordenar cantidades, los chimpancés y nosotros, sin ir más lejos. Pero saber contar es otra cosa; para empezar hay que saber que nada tiene un valor numérico, es decir; nada es cero. Hasta el momento sólo se sabía que la habilidad de comenzar a contar desde cero la tenían algunos tipos de loros, simios, delfines y, por supuesto, los seres humanos. Y ahora resulta que, las abejas, se unen a este grupo de “gigantes intelectuales”.

Investigadores australianos y franceses trabajaron con dos grupos de abejas de la siguiente manera: sobre una pantalla rotatoria colocaron parejas de pequeñas cartulinas blancas, a modo de baraja de cartas, estampadas con dos, tres, hasta cinco figuras geométricas de color negro. En uno de los grupos las abejas recibieron una recompensa al posarse sobre las cartas con mayor número de figuras. En el otro grupo se recompensaba a las abejas que se posaban sobre la carta que tenía menos figuras.

Los simios también tienen la habilidad de contar desde cero. (Foto: Luca Ambrosi on Unsplash. )

Después de que las abejas asimilaran el juego de recompensas los investigadores introdujeron dos nuevas cartas: una blanca (cero) y otra carta con una sóla figura geométrica estampada (uno). Las abejas adiestradas para posarse sobre las cartas con menor número de figuras geométricas fueron capaces de adaptar la regla y posarse sobre la carta blanca (cero) en lugar de sobre la carta con una sola figura.

Según los científicos este experimento demuestra que las abejas son capaces de comprender que el conjunto vacío es menor que el uno. Este concepto es difícil de entender para muchos animales.

Ampliando el experimento, las abejas se posaron siempre sobre la carta blanca aunque se colocaran también el resto de cartas con las que habían sido entrenadas. Incluso colocando cartas con nuevas figuras geométricas, las abejas, escogían la carta blanca (cero).

Estas investigaciones son muy importantes porque hasta ahora la comprensión del valor cero sólo se había dado en animales vertebrados, como monos, loros, o el propio ser humano. Que un cerebro tan diminuto como el de la abeja pueda llegar a comprender el valor de nada (cero) abre las puertas para estudiar cómo los cerebros más grandes llegaron (o llegamos) a entender este concepto.