Foto: Una de nuestras colmenas en la provincia de Zamora

Puede ser que una a una las abejas no sean los animales más listos del planeta pero, como sociedad, son eficaces y veloces a la hora de resolver cualquier tipo de problema. Es lo que se conoce como inteligencia de enjambre.

Thomas Seeley, biólogo de la universidad de Cornell, ha estudiado cómo las abejas desarrollan formas de superar las diferencias de opinión y tomar las mejores decisiones para la colmena.

En primavera, cuando se acerca el final de la estación, las colmenas suelen estar demasiado pobladas, en ese momento la reina, varios zánganos y más o menos la mitad de las obreras vuelan fuera de la colmena, por lo general, hasta la rama de un árbol cercano. Después de posarse en la rama varias abejas salen a buscar un lugar adecuado para construir una nueva colmena. Cuando un enjambre elige un lugar donde establecerse rara vez vuelve a moverse del sitio, por lo que es de suma importancia elegir bien su nuevo hogar.

Para saber cómo las abejas son capaces de elegir el sitio perfecto para desarrollarse Seeley liberó varios enjambres de unas 4.000 abejas cada uno en la isla de Appledore. (La isla tiene un kilómetro de largo). En uno de los experimentos colocaron 5 cámaras de cría (cajas nido para que las abejas puedan iniciar una colmena) en la otra punta de la isla, de las cuales cuatro no tenían espacio suficiente para albergar una colmena desarrollada, que puede llegar a tener 50.000 individuos, y una era ideal para formar una colmena.

Las cámaras de cría no tardaron en recibir la visita de abejas exploradoras. Las exploradoras, después de inspeccionar el emplazamiento, regresaron al enjambre e iniciaron la danza característica para que otras exploradoras fueran a ver la ubicación que habían encontrado. Después de un rato llegaron otras exploradoras, que habían estado en diferentes lugares, y decenas de abejas comenzaron a bailar, cada una con su mensaje sobre el lugar idóneo para establecer la colmena y la cámara de cría que habían localizado. Al cabo del tiempo una nube de abejas volaba sobre las cámaras de cría.

La decisión del lugar adecuado no se tomó en el enjambre, sino sobre las cámaras de cría, donde el número de exploradoras no paraba de crecer. Cuando un número determinado de exploradoras (15 en casi todas las ocasiones) se posaban sobre la piquera (entrada de la colmena) las abejas que volaban cerca de la cámara de cría entendían que se había llegado a un acuerdo y regresaban al enjambre con la información. Cuando todas las abejas estuvieron enteradas y preparadas comenzaron a volar a su nuevo hogar, que resultó ser la mejor de las cinco cajas.

La forma que tuvieron las abejas para tomar decisiones, buscar diferentes opiniones, estimular la competencia de ideas y utilizar eficazmente los mecanismos para tomar la mejor decisión, impresionaron tanto a los científicos que ahora intentan aplicar los mismos mecanismos en la dirección de la universidad.

Algunos investigadores opinan que cualquier organización que siga las sencillas reglas de las abejas tomará siempre las decisiones más inteligentes. Según James Surowiecki, autor de The wisdom of crowds, (La sabiduría de las multitudes) desde los científicos en un proyecto, hasta los inversores en un mercado de valores, pueden convertirse en un grupo inteligente si sus miembros tienen diversidad, independencia y utilizan mecanismos como puede ser el voto para alcanzar soluciones que afecten a todo el grupo.

 

La Sabiduría de las multitudes

La sabiduría de las multitudes es un libro publicado en 2004 y que da respuesta a la pregunta de por qué un grupo de muchos individuos es más inteligente que un grupo formado por muy pocos y cómo la sabiduría de muchos da forma a la economía, sociedades y naciones. Su autor, James Surowiecki, nos cuenta cómo las decisiones donde se utiliza la combinación de la información de grupos son, por lo general, más acertadas que las tomadas por un sólo miembro del grupo. En el libro podemos leer, por ejemplo, lo ocurrido en una feria de ganado donde una multitud de personas supo decir con precisión el peso de un buey, tomando la decisión final en base todas las estimaciones aproximadas. (El promedio del grupo estuvo más cerca del peso real del buey que cualquiera de las estimaciones de los ganaderos más expertos).

Surowiecki también nos aclara que no todos los grupos de personas son inteligentes. Sin ir más lejos los grupos de inversionistas de una burbuja de mercado no lo son. Para que un grupo esté dotado de una inteligencia social deben darse varias condiciones indispensables:

Diversidad de opinión: cada persona del grupo debe tener información propia de los hechos, aunque sea su propia interpretación de dichos hechos.

Independencia: Radica en que las opiniones de cada uno no deben estar determinadas por las opiniones de los que le rodean.

Descentralización: Consiste en aprovechar el conocimiento local y especializarse.

Combinación: Son los mecanismos que se utilizan para convertir los juicios privados en una decisión colectiva. (El voto, en democracias reales, puede ser uno de esos mecanismos).

¿Nuestros políticos dan signos de inteligencia social? Mucho nos tememos que no.