La Línea de Horizonte nos presenta, por primera vez en castellano, el relato de un viaje asombroso realizado en solitario por una mujer que hizo época al retratar los misterios del inexplorado Japón del siglo XIX. 

Auténtica pionera, mujer valiente, de sólidas convicciones, y más que probada curiosidad, Isabella Bird atraviesa la espina dorsal del norte de Japón desvelando la ignota vida rural del interior y visitando remotas tribus aborígenes como los antiquísimos ainus, de cuya cultura poco o nada se tenía noticia en Europa. No será un viaje fácil, ni cómodo. A pie, a caballo, en barco, sampán o kuruma, allá donde va despierta curiosidad y su presencia convoca muchedumbres asombradas. Valiente y nada convencional, la vemos disfrutar a pesar de la comida, las pulgas, la dificultad de los caminos, o la ausencia de intimidad en las chadoyas, mientras que su afilada mirada nos desvela un Japón rebosante de prodigioso encanto. Traducido y editado con esmero por el profesor Carlos Rubio, su lectura revive hoy el hechizo de una cultura, lejana y distinta, que no deja de sorprendernos.

¿Quién era Isabella Bird?

Isabella Bird nació el 15 de octubre de 1831 en Boroughbridge. Era hija de un reverendo (Edward Bird) que se había casado, por segunda vez, con Dora Lawson. Isabella tenía una hermana pequeña (Henrietta) con la que estaba fuertemente unida. La familia se mudaba demasiado a menudo debido al trabajo como reverendo de su padre. De esta manera fueron educadas en casa, principalmente por su madre, que las enseñó a leer y escribir, les dio formación religiosa, costura y dibujo.

Isabella sufrió una lesión en la espina dorsal que se agravó con el tiempo a causa de una chapucera operación quirúrgica. Su padre, en un intento de encontrar una solución al precario estado de salud de su hija tomó la decisión de instalarse durante un periodo de medio año en Escocia. Aquel traslado fue un renacer para la joven Isabella que disfrutaba de la vida en el campo.

Ilustración: Revoloteo.es

Al cabo del tiempo Isabella volvió a sentir fuertes dolores de espalda y decidió que tal vez la mejor solución sería un nuevo viaje y lo hizo, esta vez, a la  isla del Príncipe Eduardo en Canadá desde la que continuó hasta la ciudad de Nueva York.

Una inglesa en América sería su primer libro de viajes.

Su hermana Henrietta, quien estuvo siempre a su lado, la animó a para que iniciara un nuevo viaje e Isabella Bird se fue, esta vez, hasta Melbourne, desde donde salió hacia las Islas Sandwich, en Hawai, donde vivió durante seis meses. En agosto de 1873 regresó a los Estados Unidos y recorrió los territorios del lejano Oeste. En 1875 publica el libro El archipiélago hawaiano más una serie de artículos sobre todos sus viajes.

A mediados de 1878 volvería a comenzar un nuevo viaje, esta vez, a Japón.