Foto: Revoloteo.es

¿Quieres conocer a uno de los habitantes más antiguos de nuestro planeta? Pues sólo tienes que mirar a la orilla del mar o de un lago o del río más cercano a tu casa. Allí encontrarás con toda seguridad unas cuantas algas.

Se supone que las algas fueron los primeros seres vivos de nuestro planeta en conseguir su propio alimento, un proceso que, como en todas las plantas que después evolucionaron fue posible gracias a la luz del sol (energía lumínica) y la clorofila de la propia planta. Así que después de millones de años de evolución, tuvimos a un montón de plantas repletas de energía proporcionando alimento a los primeros animales de nuestro planeta.

Las algas son talófitas, es decir, que no tienen raíces, tallos ni hojas. Pero sí realizan la fotosíntesis. (Las algas realizan fotosíntesis oxigénica, una modalidad de fotosíntesis en la que el agua es el donante primario de electrones y que, por lo tanto, libera oxígeno).

El tamaño de las algas es muy variado y abarca desde simples organismos unicelulares hasta estructuras mucho más complejas. La mayoría (y de esto es difícil percatarse) son microscópicas y sólo nos resultan visibles cuando se presentan en un gran número. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en la capa verde que cubre muchos estanques.

Casi todas las algas viven en el agua pero algunas pueden vivir en la tierra, estas últimas en condiciones realmente adversas. Los líquenes, que son resultado de la simbiosis entre un alga cuyas células elaboran nutrientes con ayuda de la clorofila, y un hongo que se aprovecha de esos nutrientes viven sobre rocas o cortezas de árboles.

Los líquenes son el resultado de la simbiosis entre un alga y un hongo

Otra cosa que tal vez no sabíais; la mayoría de las algas que van flotando por el mar constituyen la mayor parte del plancton oceánico, es decir el que está fuera de la plataforma continental. No deberíamos olvidar que el fitoplancton (el plancton vegetal) se encuentra en la base de la cadena alimenticia de los ecosistemas acuáticos y que, por si fuera poco, fue uno de los responsables de que hace millones de años apareciera oxígeno en la atmósfera.

Las algas oceánicas

Las algas oceánicas suelen crecer a unos 150 metros de profundidad, que es hasta donde pueden llegar los rayos solares. Pero también nos podemos encontrar con las algas pardas que pueden vivir a más profundidad, en estas algas (pardas o feofíceas) la clorofila queda oculta por un pigmento pardo que les ayuda a a utilizar la luz del sol a mayores profundidades.

Algo parecido ocurre con las algas rojas o rodoficeas cuyos pigmentos rojos y azulados les permiten aprovechar la débil luz del sol en lugares más profundos del océano.

Las algas que habitualmente solemos ver en nuestras playas son de color verde y son las que viven en las zonas más próximas a la superficie.

Así que ya sabéis; cuidar los ríos, los lagos, los mares y océanos. Están llenos de vida (pero cada vez menos porque los estamos destruyendo y esquilmando).

Cada vez quedan menos animales marinos y menos algas.