Ilustración para la portada de "Dead end". Foto: Revoloteo.es

Cuando hablamos de arte secuencial o de contar historias visuales muchas veces sobran las palabras. Que se lo pregunten a Thomas Ott, uno de los mejores ilustradores (y contador de historias visuales sin necesidad de ayudarse de un texto) que hemos conocido.

Thomas Ott nació en 1966 en Zurich y es un ilustrador y dibujante de cómics suizo. Ott utiliza la difícil técnica de diseño conocida como Carte-a-gratter (en español viene a ser traducido como tarjeta de rascar). Esta técnica les sonará mucho a grabadores y estampadores, sobre todo, cuando trabajan en sus grabados de punta seca. La técnica Carte-a-gratter consiste en coger una pieza de cartón de un color determinado, Ott suele trabajar con cartón blanco, y cubrirlo totalmente con tinta china. Después se realiza un dibujo sobre un papel  o al menos las líneas generales del dibujo sobre un papel. El dibujo se transferirá al cartón con la tinta china al modo de la técnica de grabado de tal forma que, al raspar con un objeto punzante, el dibujo cobrará forma con el color real del cartón.

El trabajo de Ott va desde las revistas a encargos de empresas o editoriales pero ahora nos vamos a ocupar de sus cómics; en 1989 se publicó su primer álbum: Tales of Error y a este le han seguido otras obras como Phantom der Superheld, publicada en 1994 o Greetings from Hellville (1995). Nosotros vamos a destacar dos relatos gráficos que nos parecen magníficos, aunque toda la obra de Thomas Ott lo es. El primero forma parte del cómic antes mencionado “Greetings from Hellville” y lleva por título “The Job”, una inquietante historia de un asesino a sueldo un tanto especial. El segundo relato, para nosotros el mejor, es Dead end; Una historia de dinero y avaricia envuelta en la turbadora atmósfera a la que Thomas Ott nos tiene acostumbrados.

Página de «The job» (Del cómic Greetings from Hellville)

Como decimos Ott no se ayuda del texto para contar sus historias y desde luego tampoco le hace falta, ya que sus dibujos son lo suficientemente expresivos y los ambientes lo suficientemente perturbadores para que sobren las palabras.

En fin, poco más se puede decir del trabajo de este ilustrador. Lo mejor que se puede hacer es conseguir uno de sus cómics y disfrutar de su trabajo.